sábado, 29 de mayo de 2010

El museo de la patria (bicentenario argentino)

publicado a las 1:50 by fulano/martínvillarroel

“¿Somos europeos? ¡Tantas caras cobrizas nos desmienten! ¿Somos indígenas? Sonrisas de desdén de nuestras blondas damas nos dan acaso la única respuesta. ¿Mixtos? Nadie quiere serlo (...) ¿Argentinos? Hasta dónde y desde cuándo, bueno es darse cuenta de ello.”[1]

(algunos ciudadanos no se quieren perder
los festejos del bicentenario)

El 25 de mayo del 2010 diferentes prácticas y discursos se materializarán en torno al proceso histórico iniciado hace dos siglos, la Nación argentina será televisión (radio y periódico), decorado público, ritual publicitario, y sobre todo, la posibilidad estatal de que una minoría (la burguesía) se auto-inmortalice en el poder apelando a una carnaval de símbolos que legitimen la vigencia de la “heroica gesta” que “protagonizaron” en el pasado fundacional de la Patria. Aunque seguramente, este poder político dejará invisible gran parte de la explicación de algunos de los procesos mediante los cuales se construyó, definió, e impuso la Nación argentina como una realidad histórica, o como el paraguas bajo el cual supuestamente todos los habitantes de esta región decidieron libremente situarse para mejorar sus condiciones de vida. Si tenemos en cuenta que en dicho proceso histórico la construcción de la Nación se realizó, mediante diferentes instituciones, para garantizar la cohesión de una identidad, la homogeneidad cultural y la legitimación de una determinada totalidad social, el origen del museo de La Plata (como institución) puede ser interpretado y comprendido como un espacio representativo de la consolidación del Estado argentino como Estado nacional.

En este sentido, me interesa centralizar mi análisis en algunas de las políticas culturales que el (ya consolidado) Estado argentino inauguró en la década de 1880 con el objetivo de inventar la Nación. Es precisamente desde allí, que considero necesario reflexionar sobre los sentidos identitarios que potencialmente se naturalizarán, invisibilizarán, cosificarán y disputarán, en el complejo espectáculo estatal del Bicentenario de la Patria[2].

Si consideramos que las identidades siempre se construyen dinámicamente en relación a un “otro cultural” (diferente al “nosotros cultural”), y que la lógica de dicho proceso está atravesada por el conflicto, la oposición, el contraste y la disputa de bienes y sentidos de pertenencia en el mundo, podemos observar que los procedimientos y dispositivos que implicaron la invención de la Nación argentina como tótem de la Patria, pueden ser comprendidos analizando las diferentes políticas que el museo de la Plata desarrolló a fines del S. XIX para definir al “ser argentino, nacional, patriótico” oponiéndolo culturalmente al “indio” (originario). Los mecanismos clasificatorios que el Estado nacional (previo momento de apropiación de territorio, bienes y cuerpos de los originarios) diseñó con tal objetivo, fueron materializados, por ejemplo, en la apropiación de las identidades de los Pueblos Originarios de pampa-patagonia en la genealogía del museo de La Plata, considerando que este último se creó como museo de Ciencias Naturales en la coyuntura cultural atravesada por la post-“conquista del desierto”[3]. Es decir, algunas instituciones desde su fundación, construirán, definirán y representarán quién es el “otro cultural”, inferior y diferente al “nosotros cultural” argentinos.

Las alterizaciones que en dicho pionero y patriótico museo, el Estado oligárquico y conservador (y no personajes o individuos aislados) organizó y legitimó (como símbolos de la intectualidad orgánica de la generación del ´80) estuvieron impregnadas, en sus intereses disciplinares y disciplinatorios, de categorías provenientes del campo epistémico del positivismo y el evolucionismo[4] (con sus correspondientes síntomas etno(euro)céntricos). Por lo tanto, la subsunción, producción y circulación que el Estado argentino desarrolló sobre las identidades de los Pueblos Originarios puede ser vista (en términos contradictorios) como una estratégica canonización de la nacionalidad argentina a fines de siglo XIX, ya que la apropiación y resignificación de las mismas demarcaron su naturaleza en su calidad de ajenas: a la Nación argentina, al nosotros civilizado (argentino), y a la territorialidad de la patria (o de lo propio).



Las Musas del Museo: la identidad es un trofeo científico de guerra...

“Hubo una época en que la identidad parecía dejarse atrapar en los museos. En ellos la cultura de cada nación simulaba presentarse íntegra y coherente. Las vitrinas y los recorridos ofrecían un orden en que los elementos dispersos, las prácticas erráticas y los mitos disidentes, parecían unificarse en una totalidad complacida”.[5]


En primera instancia, el museo como espacio institucional es paradigmático, porque en él convergen y operan los discursos que un determinante presente crea y establece sobre un determinado pasado, con una lógica que puede fosilizar las identidades, reproducirlas simbólicamente y jerarquizar la legitimidad de diferentes raíces culturales. Además, canaliza la posibilidad de que un imaginario social particular pueda internalizarse, y posteriormente naturalizarse como único y excluyente parámetro de identidad, lo cual aborta la posibilidad histórica de otros proyectos culturales autónomos y autodeterminados (nacionales, étnicos, de clase, de género, etc.) en la realidad multicultural argentina. Por lo tanto, el museo como institución estatal alberga un fuerte carácter pedagógico: el desarrollo de las disciplinas necesita del disciplinamiento.

En el plano de lo microhistórico, el museo de La Plata (que tranquilamente puede ser observado como el Museo de la Patria), se terminó de construir en 1889, aunque ya en 1888 se abrieron sus puertas para la visita del público, y en 1906, cuando se construyó la Universidad Nacional de la Plata, pasó a pertenecer a la misma, incorporando la investigación y la enseñanza superior de las Ciencias Naturales. La apertura de esta institución fue posible gracias a la donación de la colección privada[6] de Francisco Pascasio Moreno (el simpático patriota conocido como “Perito Moreno”), lo cual significó que dicha persona sea designada como Director Vitalicio (hasta 1906).

Con respecto a la figura y a las prácticas académicas del Perito Moreno, el Museo de La Plata en el año 2010 enuncia en su página web las siguientes atribuciones: “estaba decidido al desarrollo de la ciencia a favor de la patria, (…) su legado principal fue el amor y la generosidad que caracterizaron todos los actos de su vida”[7]. Pero si contrastamos estas positivas valoraciones que realiza actualmente dicha institución, con algunos de los discursos y transcursos científicos de Moreno, dichas valoraciones son más que discutibles, o en todo caso, lo discutible son los intereses que se encubren o defienden detrás de las mismas. Veamos el relato de P. Moreno con respecto a una de las metodologías que empleaba para desarrollar sus trabajos etnográficos: “abundante cosecha hice de cráneos y esqueletos en los cementerios de los indígenas, que vivían sometidos en las inmediaciones del Azul y de Olavaria”[8].

El saqueo y la profanación de tumbas, será una “técnica” permanente de los proto-arqueólogos argentinos de la época, desnudando así, quiénes constituían los “otros” culturales en el imaginario nacional que debían ser examinados antes de que el progreso los extinga. Los originarios, por ende, eran delimitados como culturas extranjeras, y que por lo tanto podían ser nacionalizadas, pero en calidad de objeto.

Muchos de sus viajes tendrán el carácter de una misión de vigilancia sobre las tierras aborígenes (ejerciendo el poder policial de la ciencia), e inclusive, mediante ellas va a tener la posibilidad de acceder a territorios cercanos al Río Negro, previo a la “conquista del desierto”, siendo recibido por el cacique Sayhueque[9]. Años más tarde Moreno dirá que el entusiasmo de su juventud le decía “contribuirás a abrir la senda por donde la civilización llegue a los Andes, desalojando al indio inútil de su reino, de la llanura, de los bosques y de las montañas, todas fértiles y ricas; divulgarás, como puedas, lo que es el suelo de la patria.(…) Quería también ver al indio salvaje en ese medio, lejos de la civilización, y vivir en su tienda para darme cuenta exacta de las primeras etapas de la sociabilidad humana, y recoger en esa fuente ya casi agotada, entre aquellas tribus próximas a desaparecer, documentos que sólo conocía de oídas y que no bastaban para mis propósitos”[10]. Por lo tanto, podemos claramente observar que el amor filantrópico (de raíz darwinista) que supuestamente caracterizaba a su vida estaba restringido étnicamente (por considerar a lo diverso como inferior), y que la defensa de la patria que mencionaba implicaba el fin de la historia independiente de dichos Pueblos Originarios (y en consecuencia, el comienzo de su dominación estatal). De hecho, desde el museo organizará sucesivas expediciones a la patagonia, articulando el conocimiento científico con el poder militar (cuasi reminiscencia de la cruz y la espada colonial española), para consolidar territorialmente la Nación argentina, desde una penetración represiva e ideológica (Oszlak:2006).

Otra de las personas de relevante importancia en dicha coyuntura, fue Estanislao Zeballos, un erudito polifacético propio de la época, que se desarrollaba en distintas disciplinas sociales y naturales, y el campo intermedio de las mismas. En 1878, publicará por pedido de Julio A. Roca[11] (por entonces Ministro de Guerra y Marina) el libro “La conquista de las 15.000 leguas”, el cual albergaba la función pedagógica de describir histórica, geográfica y antropológicamente la región que pretendían civilizar los militares argentinos mediante la expansión de la Patria. Zeballos se caracterizará por recorrer los lugares “post-festum”, y no establecerá contacto con el originario vivo sino con su cadáver, ya que sus expediciones arqueológicas se realizaban cuando las tropas del ejército ya se habían encargado de arrasar los territorios de los originarios, y por lo tanto, podía coleccionar los vestigios de su historia para luego resignificarlos. Así lo explicitó cuando describía que “había en aquellos lechos mortuorios algunos cráneos de formas tan raras y de tipo tan evidentemente araucano, que dando el trasto con la majestad de la escena, ordené reunirlos para mi colección; (…) yo mismo puse manos a la obra, y envolví en mi poncho de goma seis de los buenos cráneos de mi colección araucana ya numerosa y que un día regalaré a los museos de mi patria”[12].

Pero para entender a dichas caracterizaciones de la otredad que Moreno y Zeballos inscriben como políticas de Estado, debemos tener en cuenta, que “las representaciones, las ideas, tienen su origen en el “comercio” de los hombres entre sí, en los intercambios, en la comunicación de las conciencias, en las actividades reales que constituyen la praxis (práctica social)”[13].

Por lo tanto, podemos decir que los procesos de identificación en dicho contexto operaron como una estrategia de destrucción constructora de una alteridad cosificada, y la apropiación de restos de todo tipo, pertenecientes a las culturas originarias, fue un mecanismo que funcionó como profanación de su memoria ancestral. La necesidad material de coleccionar, describir, comparar, examinar y jerarquizar, expresará el marco positivista y evolucionista que regía a dichos intelectuales, como así también, el surgimiento, en cierta medida, de una “antropología aplicada”, es decir, de una disciplina con una médula pragmática puesta al servicio de los intereses de la hegemonía burguesa (en este caso).


El Espectáculo del Buen Civilizado: el que domina nomina...

“El objeto expuesto en el museo está lejos de ser solamente un artefacto material. Es también por encima de todo una narrativa, o sea una historia contada sobre nosotros mismos o sobre los otros”[14].

Si dimensionamos que “las instituciones son ciertamente funcionales en la medida en que han de asegurar necesariamente la supervivencia de la sociedad considerada”[15], podemos entender la naturaleza cultural que operó de manera interétnica en la fundación del museo de La Plata como un espacio en el cual la presencia de los originarios será la expresión de la victoria de la conquista de la Patria, y por lo tanto, de la urgencia porque dicho sujeto pueda ser clasificado como objeto, para exhibirse como vestigio del pasado incivilizado (o de la prehistoria de la Patria). La Argentina sin “indios” podía comenzar a visualizarse, los originarios ya tenían definida la posición identitaria que ocuparían en el Estado argentino: las transparentes vitrinas etnocéntricas del Museo de La Plata (¿para verificar empíricamente que somos hijos de los barcos?). Muy significativamente, Zeballos expone en la siguiente descripción cómo conjugaba patrióticamente la importancia del allanamiento del fúsil con la perspectiva científica cuando aclara que “si la civilización ha exigido que ustedes (los militares) ganen entorchados persiguiendo a la raza y conquistando sus tierras, la ciencia exige que yo la sirva llevando los cráneos de los indios a los museos y laboratorios. La barbarie está maldita y no quedarán en el desierto ni los despojos de sus muertos”[16] . Más de cien años después podemos perdcibir que la Patria ha logrado con dicho cometido...

Pero, en el Museo de La Plata no sólo se clasificarán los cuerpos muertos de los aborígenes, sino que también se alojarán vivos a grandes caciques derrotados en la “conquista del desierto”. Inakayal[17] fue capturado en Chubut durante el año 1886 mientras defendía con su pueblo su territorio ancestral, en el contexto del genocidio o “malón blanco” denominado “conquista del desierto”, diagramada por el General Julio Argentino Roca, como representante de la oligarquía liberal-conservadora. Luego fue llevado junto a otros aborígenes de su comunidad a la prisión de Retiro, y posteriormente a la del Tigre, de la cual fue trasladado, como supuesto favor, por mediación de Francisco Perito Moreno, al Museo de Ciencias Naturales de La Plata, lugar en el cual, el cacique simbolizará la alteridad como objeto de estudio hecho cuerpo.

Lejos de separar a Inakayal de las miserables condiciones de existencia en las que el resto de las comunidades aborígenes se encontraban sometidas, en dicho lugar siguió trabajando de manera servil; por lo tanto, el poder se ejercía disciplinariamente tanto sobre sus prácticas culturales como sobre su cuerpo, ya que no hay mejor garantía para la explotación que la instauración previa del dominio. Es decir, que en el museo la apropiación de la mano de obra contenía el sentido de “hacer vivir” a los originarios como esclavos domésticos y extender dicha tortura pública por medio de la exhibición de los mismos (a la burguesía) como piezas vivientes de colección y/o botines culturales de la guerra, y como testimonios materiales de la prehistoria de la Patria. El museo de La Plata muestra de esta manera su ontología racista al refuncionalizar la prisión como espectáculo zoológico disfrazado de científico, en el cual la ciencia positiva se desarrollaba como aparato ideológico del naciente Estado argentino, y la afirmación de una nación implicaba la discriminación de las otras. El 24 de septiembre de 1888, el lonko[18] mapuche-tehuelche Inakayal encontró la muerte en las escalinatas del museo de Ciencias Naturales de La Plata.

Hace unos años, en el pasado recientemente, mientras se realizaba un inventario, se halló el cuero cabelludo y el cerebro (conservado en formol) del destacado lonko. Esta circunstancia, representó una aparición bastante compleja, ya que arrancó el disfraz de algunas políticas del museo, a causa de que el esqueleto ya había sido restituido[19], el 19 de abril del año 1994, a las comunidades mapuche-tehuelches que habitan en Tecka (Provincia de Chubut), y se suponía que en dicha devolución, estaban comprendidas todas las partes físicas que el museo tenía en propiedad. Pero no fue así, el cerebro estaba guardado en otro sitio (como una alegoría de la separación del cuerpo y de la mente, imaginario platónico propio de la civilización occidental), lo cual nos permite interpretar que los cuerpos aborígenes son dimensionados como artefactos, operando e influyendo en dicha narrativa algunos de los principios lombrosianos en torno a lo “salvaje” como criminal, inferior o indeseable. Pero lejos de estar solo, a los restos de Inakayal lo “acompañaban” mas de mil cráneos y 80 esqueletos armados, entre ellos el de su mujer que también murió en el museo, mientras que sus hijos no se hallaron allí, ya que habían sido repartidos entre algunas familias porteñas, que los demandaban para desarrollar por lo general tareas de servidumbre doméstica. Vemos aquí, cómo además, se impuso como modelo moral a la familia occidental y cristiana (descuartizando familias, comunidades, reprimiendo la poligamia, el matriarcado, el nomadismo, etc.), la cual hoy, muchas veces es inmortalizada por la burguesía nacional en las publicidades de los country´s.

¿Qué puede significar entonces la Patria argentina para dichos pueblos sino más que la continuidad del proyecto colonial español que tanto repudian los patriotas? Pareciera que la “Argentina” se independizó hace casi dos siglos (lo cual es celebrado por la mayoría de los habitantes de la Patria) para que sea su burguesía la que encabece la expansión de la frontera (con la consecuente expansión del robo) sobre los Pueblos Originarios hasta incluirlos e integrarlos bajo condiciones de dominación patriótica.

¿Qué ocurriría si el 25 de mayo se inaugurara un museo administrado por originarios en el cual se exhiban tanto los esqueletos de Saavedra, Belgrano, San Martín, Rosas, Urquiza, Mitre, Avellaneda, Sarmiento, Roca, Zeballos, Moreno y Victorica, como las orejas y testículos de los patrióticos militares de fines del S. XIX (como éstos hacían para acreditar el asesinato de los originarios en las expediciones); en el cual se representen las prácticas esclavistas de la oligarquía porteña; en el cual se explique por qué la Sociedad Rural Argentina fue creada en 1866 por José Martinez de Hoz (ancestro del Ministro de Economía de la última dictadura); en el cual se clasifiquen los progresos materiales de la élite blanca de la época y bajo qué condiciones sociales se realizaron; y en el cual se expongan las dimensiones territoriales expropiadas a los originarios en nombre de la Patria...? en fin, sería interesante imaginar qué efectos y repercusiones culturales tendría para la Nación argentina la existencia de un gran Museo de la Civilización con las mencionadas características... Seguramente, a los ciudadanos de la Patria no les parecería agradable reconocer en dicha violencia simbólica, la violencia que originó la construcción de la Nación argentina para otras naciones preexistentes.


El Patrimonio de la Patria: Escarapelas calientes para los indios sin dientes...

Pienso el 25 de mayo del 2010 no sólo como un acontecimiento histórico de la humanidad, sino también como parte de mi historia social y particular, y desde esta doble “textualidad” imagino que en dicha fecha la memoria histórica oscilará, sincrónicamente, entre la perfomance nacional de una industria de héroes, un ring de boxeo para monumentos descalcificados, y una plaza de mayo del tamaño del país en la cual las luchas de todos los sectores oprimidos intentarán significar las experiencias del pasado en la dimensión de sus praxis políticas del presente.

Por otro lado, la conmemoración del Bicentenario de la Patria también me conduce a pensar en el respeto sagrado que la escuela ha inscripto en nuestros cuerpos hacia la bandera argentina, la misma que se empuñaba cuando se perpetraba el asesinato de 20000 originarios en el sur, y de 8000 originarios en el chaco. Pareciera que los rayos brillantes de su sol incendiaron a centenares de formas culturas totalmente legítimas en nombre de la Patria; del único (cultural) y su propiedad (privada). El terrorismo de Estado (bajo regímenes democráticos y dictatoriales) para dichos pueblos fue conocido hace más de 100 años, en el mismo momento en el cual la burguesía nacional consolidaba la organización funcional de las contradicciones civiles en un Estado moderno. Apropiación de bebés, sesiones de torturas, fusilamientos masivos, fosas comunes[20] y demás prácticas civilizatorias fueron sufridas por los originarios desde fines del S XIX hasta la actualidad, lo cual expresa inequívocamente que el desarrollo de la Patria burguesa nacional argentina, hizo del pequeño terruño identitario rioplatense un trampolín cultural mediante el cual fueron aplastados históricamente dichos pueblos pre-existentes (el argentino es un “pueblo” post-existente a ellos) a las actuales fronteras del país. Nuestros patrióticos billetes de 100 pesos así lo conmemoran, el nombre de nuestras patrióticas avenidas así lo acreditan, nuestro patriótico monolingüismo así lo comunica, nuestras patrióticas tradiciones así lo mitifican, nuestros patrióticos símbolos así lo estandarizan, y nuestros patrióticos héroes así lo ritualizan. La concentración de la propiedad de los medios de subsistencia en manos de la burguesía nacional, es el útero del cuerpo patriótico, y la miseria de la mayoría de los habitantes argentinos, en su condición de trabajadores explotados, es el enano que ha parido. Por lo tanto, pertenecer a la nación argentina, es decir, adscribir identitariamente a la argentinidad, no implica ser parte de una estructura horizontal y mucho menos diversa. Desigualdad y uniformidad, siguen siendo la consecuencia directa de la arquitectura cultural que la hegemonía condensa, transpira, y ofrece en el mercado nacional al peor postor; “la masacre continúa con otros medios” fue la reflexión que me expresaron algunos hermanos Q´om en la paupérrima provincia del Chaco.

Por otra parte, la celebración estatal del bicentenario, probablemente presente al centenario como la sinuosa bisagra democratizante hacia el actual proceso kirchnerista “nacional y popular”, autodefinido de manera dantesca[21] por el ex presidente Néstor Kirchner. Pero la independencia económica sigue esperando su revolución, ya que el pacto neocolonial se actualiza permanentemente desde aquel 25 de mayo de 1810: con las empresas multinacionales, con el FMI, el Banco Mundial, las potencias europeas, asiáticas, los EEUU, la ONU, y demás estructuras imperialistas que de diferentes maneras recetan la estatización de la pobreza y la privatización de la riqueza para “curar” a las semicolonias.

Pero este 25 de mayo ¿que dirá el gobierno del Estado argentino, como voz “legítima” de la Patria, sobre el museo de La Plata? y ¿qué dirá el museo de La Plata sobre el Estado, la Nación y la Patria?

Por lo tanto, si partimos de la consideración de que el objeto de las políticas de disciplinamiento es el cuerpo, y el espacio en el cual se desarrollan son las instituciones, el Museo de La Plata, al fin y al cabo, puede ser también interpretado como un rostro del contexto histórico de formación estatal y nacional, en el cual se imagina toda una arquitectura nominal y disciplinar (en el amplio sentido de la palabra) como estrategia cultural. Además, al museo (como institución), se lo puede observar como una “geografización” de las relaciones de poder, y por ende, como una subjetivación en el uso, apropiación y producción del espacio, a modo de representaciones de clase socialmente construidas

En consecuencia, el museo de la La Plata para el Estado Nación argentino es un lugar, y “el lugar es, ante todo, una porción de la faz de la tierra identificada por un nombre. Aquello que hace que el sea específico es un objeto material o un cuerpo”[22]. He aquí que una de las claves ontológicas de dicho lugar haya sido la posesión de cuerpos y producciones culturales de los Pueblos Originarios, para su examen, clasificación, sistematización y jerarquización nacional.

A modo de cierre, podemos afirmar, que la identidad del Museo de la Plata se expresa como un espacio de significaciones socio-históricas, como una vidriera civilizada de la “acumulación originaria”; en donde el malón de la etnografía civilizatoria coadyuvó a la naturalización de la desigualdad social como diversidad cultural y que su apropiación de manera burguesa ancló sintomáticamente en el preámbulo patriótico del patrimonio cultural. En dicha institución, el “talle” de lo nacional (como universal) y el “precio” de lo particular diagramaron las formas y contenidos de la exhibición de los vencidos; y por ende, en la economía de la alteridad, el “indio amigo” (al igual que el “indio enemigo”) devino en indio objeto. Así, los herederos son apropiados por la herencia...

Por ende, ¿qué sentidos expresamos cuando gritamos disciplinados “Viva la Patria”...? Sería importante que comenzáramos a pensar que, para muchos pueblos nativos de este territorio, la vida de la Patria argentina no sólo significó la muerte de su cultura, sino también la invisibilización de su historia en una historia oficial, en una historia gendarme, patriótica y civilizada... Por lo tanto, la historia no oficial de la Patria revela que “el terror no aparece como una fanática conspiración secreta que golpea al Estado, sino como una fanática conspiración secreta llamada Estado”[23]. Si al fin y al cabo observamos que la identidad se construye dialécticamente, este 25 de mayo podríamos reflexionar sobre qué es lo que muere cuando vive la patria...

por Matias Ignacio del Prato


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[1] SARMIENTO, Domingo F. (2002): Cartas, anécdotas y testimonios. Artes Gráficas Rioplatense S.A. Acompaña la edición de la Revista Viva del 5 de mayo del 2002. pág. 48
[2] Cabe destacar que la feminización nominal del Patriarcado presente en la palabra Patria, puede ser entendida metafóricamente, más como un signo de travestismo que de transexualidad. Las relaciones de poder patriarcales aún permanecen, a pesar de que usen maquillaje (político), colágeno (económico) y siliconas (judiciales) en un Estado presidido por una mujer.
[3] Esta imagen territorial, reproducida actualmente en diferentes manuales de historia, responde más a un mecanismo de invisibilización alberdiano que a una realidad espacial real. Si hubiera sido realmente un desierto no habría hecho falta conquistarlo para colonizarlo.
[4] De manera sintética podemos decir que el positivismo se expresa en la caracterización de la Razón como único parámetro organizador del progreso indefinido, siendo la ciencia aplicada la espada civilizatoria; y que el evolucionismo se presenta en la jerarquización de la diversidad cultural (desde los ojos de occidente, auto considerada como “la civilización”) en estadios evolutivos de la humanidad, en donde las diferencias se organizan en términos de inferioridad y superioridad mediante las categorías de “salvajismo”, “barbarie”, y “civilización”.
[5] GARCÍA CANCLINI, Néstor: “Museos, aeropuertos y ventas de garage (las identidades culturales en un tiempo de desterritorialización)”. Pág. 41. En: FONSECA, Claudia –comp.- (s/d): Fronteiras de cultura. Editorial de Universidade. S/D.
[6] Su colección con respecto a la Patagonia constaba, por ejemplo, de 300 cráneos y 5000 objetos líticos tallados y pulidos.
[7] Facultad de Ciencias Naturales y Museo: www.fcnym.unlp.edu.ar/abamuse.html
[8] STAGNARO, Adriana (1993): “La antropología en la comunidad científica: entre el origen del hombre y la caza de cráneos-trofeos (1870-1910)”. En: Revista Alteridades. Pág. 59
[9] Francisco Moreno después oficiará de intermediario para trasladar a Sayhueque e Inacayal como prisioneros al ámbito “más cálido” del Museo de La Plata.
[10] STAGNARO, Adriana (1993): “La antropología en la comunidad científica: entre el origen del hombre y la caza de cráneos-trofeos (1870-1910)”. En: Revista Alteridades. Pág. 60
[11] Canonizado en la ciudad de Córdoba mediante la denominación de la calle que conecta la ruta 20 con Nueva Córdoba, como así también en el nombre del colegio situado en el parque Sarmiento.
[12] Ibid.Pág. 62
[13] LEFEVBRE, Henri (1967): Lenguaje y sociedad. Editorial Proteo. Buenos Aires, Argentina. Pág. 70
[14] FORTUNA, Carlos (1988): “Las ciudades y las identidades: patrimonios, memorias y narrativas”. En: Revista Alteridades. Pág. 72
[15] CASTORIADIS, Corneluis (1993): “La institución imaginaria de la sociedad”. En: COLOMBO, Eduardo (comp.): El imaginario social. Nordan-Comunidad. Montevideo, Uruguay. Pág. 50
[16] STAGNARO, Adriana (1993): “La antropología en la comunidad científica: entre el origen del hombre y la caza de cráneos-trofeos (1870-1910)”. En: Revista Alteridades. Pág. 62
[17] Posteriormente su identidad será clasificada con el número de expediente 5438.
[18] “Lonko” en mapuzung (lengua mapuche) significa “cabeza”, con el sentido de “jefe” o “cacique”.
[19] El Centro Indio Mapuche-Tehelche de la provincia de Chubut que los reclamaba, junto con la gobernación de dicha provincia se encargó de construir un mausoleo, respetando arquitectónicamente la cosmovisión mapuche, para alojar sus restos.
[20] Actualmente en Colonia Aborigen Chaco (ex Reducción de Indios Napa´lpi) se encuentran tres fosas comunes en las cuales se calcula que hay entre 300 y 800 originarios masacrados por la Policía en 1924 (presidencia democrática de M. T. de Alvear) por realizar la primera huelga agrícola aborigen.
[21] “Estamos saliendo del infierno”, “estamos en el purgatorio”, eran algunas de las caracterizaciones de corte bíblico que N. Kirchner solía expresar en diferentes actos públicos durante su mandato presidencial, cuasi alegorizando a la “Divina Comedia” de Dante Alligheri. Quizás la denigrante situación actual de millones de argentinos signifique la “horrible tragedia” de la “divina comedia” que de los Kirchner han instituido sobre los DDHH.
[22] SANTOS, Milton (S/D): Por una geografía nueva. Espasa Calpe. Pág. 137
[23] EAGLETON, Terry (2007): Terror sagrado. La cultura del terror en la historia. Editorial Complutense S.A. Madrid, España. Pág.15.

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